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978100El Secreto del Padre Alcázarhttps://www.gandhi.com.mx/el-secreto-del-padre-alcazar/phttps://gandhi.vtexassets.com/arquivos/ids/700679/717f50bc-baae-4922-bd57-bd62ab503fa3.jpg?v=6383358585048700002020MXNCamila FloresInStock/Ebooks/973336El Secreto del Padre Alcázar2020https://www.gandhi.com.mx/el-secreto-del-padre-alcazar/phttps://gandhi.vtexassets.com/arquivos/ids/700679/717f50bc-baae-4922-bd57-bd62ab503fa3.jpg?v=638335858504870000InStockMXN99999DIEbook20161230000872041_W3siaWQiOiJkMDg4NGQxMy1jMDUyLTRmOTYtODJmZC1lNmNjYzc1YWY1YTEiLCJsaXN0UHJpY2UiOjIwLCJkaXNjb3VudCI6MCwic2VsbGluZ1ByaWNlIjoyMCwiaW5jbHVkZXNUYXgiOnRydWUsInByaWNlVHlwZSI6IklwcCIsImN1cnJlbmN5IjoiTVhOIiwiZnJvbSI6IjIwMjItMDctMTFUMDA6MDA6MDBaIiwicmVnaW9uIjoiTVgiLCJpc1ByZW9yZGVyIjpmYWxzZX1d1230000872041_<p>Lo conocí en una orgía en el club de swingers Miami Velvet la noche de Halloween. Yo había viajado desde Bradenton, como a cuatro horas de distancia para venir a la gran fiesta de disfraces Inferno que empezaba a la media noche. Estaba un poco nerviosa porque iba a participar en mi primer intercambio de parejas. Había aceptado ir con Yuniesky, un cubano con los brazos de veinte pulgadas pero el pito de cinco, al que había conocido solamente dos semanas atrás. Era buena gente pero medio bobo. Solo le interesaba bailar Reggaetón y las peleas de la UFC. Me insistió tanto en que viniera que finalmente tuve que acceder, aunque yo hacía rato estaba loca por ir. Ya había aprendido que a los hombres hay que hacerlos esforzarse por todo, porque luego, si no se les para te echan la culpa.</p><p>Esta vez, la fiesta la habían hecho en grande, y hacía honor a su nombre. Inferno.</p><p>En el salón principal habían puesto una plataforma de fibra de vidrio que aguantaba una colchoneta gigante. Casi todo el mundo estaba disfrazado, así que no era raro encontrarse a un pirata follándose a un zombi o dos enfermeras lamiéndole las bolas al bicho ese del Freddy Krueger. Había varios hombres travestidos, teniendo sexo con mujeres y uno que se parecía igualitico a Ron Jeremy, el actor porno. Creo que era él, porque tenía una cola de gordas esperando turno y gente tirándole fotos.<br />Él olor a sexo y a K-Y Jelly impregnaba las paredes y qué decir de los gemidos. Si cerraba los ojos, podía imaginarme en la sala de cuidados intensivos de un hospital. La única diferencia sería que para algunos pacientes el tratamiento quirúrgico resultaba delicioso. Nada más abrir la puerta, te inundaba una marejada de gritos de placer, de acentos, de quejidos enervantes. Esa electricidad me incendiaba los poros haciéndome sentir eufórica.<br />En las paredes, unas pantallas gigantes mostraban en close-up lo que pasaba en los diferentes cuartos. Pensé que cumplían dos funciones, hacer que te vinieras, y saber con quién se estaba revolcando tu pareja. Falos y caras, nalgas y hombros enzarzados con plumas de corsario, y shortcitos de policía, aquella masa como de lombrices, se retorcía en caos y unísono al mismo tiempo, con la fuerza de un enorme experimento científico. Como la rueda del Dharma, aquel croquis pornográfico, ejemplificaba las infinitas manifestaciones sexuales de la naturaleza.<br />Él estaba allí, vestido solo con unas medias negras hasta las rodillas, follándose por detrás a una trigueña brasileña de dos metros de alto, al mismo tiempo que otro; un negro fornido le embocaba a la chica una gigantesca polla brillante, medio floja. Debo decir que cuando vi a aquel europeo, con cuerpo de Dios griego bajo las luces de neón, esos ojos verdes preciosos y esa barbita bien cuidada me pareció bello. Tenía el aire de un Don Quijote moderno, un cuerpo delgado y joven para sus cuarenta y pico, y unas nalgas perfectas que se tensaban rítmicamente cada dos o tres segundos. A mí nunca me habían gustado los hombres mayores y el tipo más viejo con el que había salido era precisamente Yuniesky que en aquel entonces tenía como veinticuatro. Pero había algo en ese hombre que me encandiló, y no solo fue su cuerpo. En su mirada, en sus movimientos había una seguridad, que me relajó de inmediato....</p>1230000872041_Camila Flores88f6ef98-085f-31ea-944b-7758192a6803_1230000872041;1230000872041_1230000872041Camila FloresEspañolMéxicohttps://getbook.kobo.com/koboid-prod-public/65beb672-1301-476f-b23a-942d015b14a2-epub-1a520dd4-d177-456a-a28c-25b9661b0e85.epub2016-01-09T00:00:00+00:00Camila Flores